No son reseñas académicas. Son opiniones de una lectora que pasó cuarenta años catalogando libros ajenos y ahora recomienda los que le quedaron adentro. Los organicé por humor, como deberían organizarse todas las bibliotecas del mundo si alguien se animara.

Para leer de noche con los gatos

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La tregua

Mario Benedetti

Un hombre gris que anota su vida en un cuaderno. Suena triste. No lo es, o no sólo.

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Pedro Páramo

Juan Rulfo

Ciento veinte páginas que se leen en una hora y se piensan toda la vida.

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La casa de los espíritus

Isabel Allende

Generaciones enteras en un libro. Me lo leí en tres noches. Onetti no duerme en tres noches.

Para leer en la playa con viento

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El astillero

Juan Carlos Onetti

Onetti decía que escribir es una forma de mentir con precisión. Este libro lo demuestra.

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Cien años de soledad

Gabriel García Márquez

Mi primer García Márquez. Tenía la firma de mi padre. Lo presté. No volvió.

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El viejo y el mar

Ernest Hemingway

Un hombre solo contra el mar. Lo leí antes de mudarme a la playa. Ahora lo entiendo distinto.

Para no leer solo

Rayuela

Julio Cortázar

Se puede leer en cualquier orden. Yo siempre lo empiezo por el mismo lugar y nunca lo termino igual.

La invitada

Simone de Beauvoir

Tres personas, una verdad. El libro que más veces recomendé en la biblioteca.

Ficciones

Jorge Luis Borges

Borges escribía como si supiera algo que los demás no. Probablemente sabía.

Hay libros que llegaron a mi biblioteca con el lomo roto, subrayados con dos tintas distintas, con una fecha escrita en la guarda. Me pregunto siempre cuánto viajaron para llegar.